Portafolio

21.11.05

La formación de educadores en Chile y los desafíos del nuevo siglo.



El término globalización ronda cada vez con mayor fuerza en todos los ámbitos de la vida del hombre, sobretodo en lo que refiere a economía y política. Un término que sin duda puede beneficiar las relaciones entre países o entre distintos grupos, y que no tiene fronteras. No respeta religiones, países, clases sociales, etc. Nos acercamos en consecuencia a un mundo sumamente integrado, pero del que no sabemos cuales serán los beneficios, mucho menos los países más marginados.
Podemos decir que esta globalización nos podría llevar al desarrollo más completo de todas las naciones; el avance tecnológico es cada vez más notorio y beneficioso, pero cada vez más excluyente de esa parte del mundo que no goza de los recursos necesarios para adquirir tales medios.
Vemos esto reflejado en la educación, el sismo existente entre la educación pública y privada no deja de ser preocupante para los educadores, que ven en su trabajo una responsabilidad mucho mayor que enfrentar.
Dentro de los desafíos con los que nos encontraremos, son de gran importancia estos tres: acentuar la formación en torno a nuestra cultura y valores, permear el proceso educativo con la idea de una modernización permanente y amplia y lograr una educación que permita efectivamente conseguir una más equitativa distribución de los ingresos.

Los valores y la cultura son aspectos esenciales para poder mantener ciertos rasgos comunes que nos permitan sobrevivir como nacionalidad en el contexto de una trascendente globalización. No es menso cierto que la transmisión de esos elementos inter-generacionalmente requieren un cierto consenso a la vez que un principio de unidad nacional. Y no es misterio que nuestra sociedad envuelve profundas contradicciones, que han sido generadas y retroalimentadas por nuestras diferencias internas en materia social, económica, étnica y regional.
Sin embargo, la educación ha hecho muy poco por tratar de superar estos problemas, la movilidad social ha disminuido, los contenidos integradores se han minimizado, y se tiende a privilegiar las diferencias no precisamente en una actitud de tolerancia y diversidad, sino en la protección de compartimentos sociales. Hay un gran énfasis en ramos y disciplinas, poco en valores y en perspectivas de formación integral, cuestión que esta cambiando con las actuales reformas, pero que necesitan una dinámica mayor y más participativa.
Nuestra labor esta en cambiar este futuro difícil que se ve, en tratar de mejorar los errores del presente y ayudar al desarrollo del país a través de su base, la educación.
La educación debe formar individuos críticos y creadores, participativos, capaces de convertirse en agentes de cambio. Tiene que formar personas tolerantes, capaces de entender la pluralidad como una cuestión natural de la dinámica social, de la propia diversidad natural que surge de una realidad geográfica y material tan significativamente distinta en nuestra realidad. Individuos críticos y tolerantes dan paso a una sociedad dominada por las ideas y la inteligencia, mas que por dogmas, creencias vagas, principios transitorios, valores superficiales. Aquí hay una gran responsabilidad para el sistema educativo y sus actores directos, es decir, para los profesores. Por esto la formación de profesores debe ser completa y perfecta, para que quienes queden bajo la enseñanza de esos profesores sean personas comprometidas, consecuentes y triunfadoras.

Es imprescindible también el trabajo de docentes en el ámbito de superar el desequilibrio de ingresos que existe en nuestro país. Lograr que las clases mas bajas puedan verse beneficiadas con el solo hecho de estudiar es un sueño que no podemos desechar. Un sueño que es posible si ponemos todo de nuestra parte para que la educación que se recibe pueda mejorar rotundamente y entregue las herramientas necesarias para el completo desarrollo de las personas, y por ende, la superación de la pobreza, delincuencia, etc. haciendo de Chile un país mejor.


DE Paula at 4:15 p.m.